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junio 07, 2011

RENDEZVOUS…

He dejado el WoW hace un rato y me he dado una ducha de esas cortas y medio heladas que tan bien sientan, y ahora, mientras se me seca el pelo al lado de porche, refugiado en una silla, con una coca cola al lado y música -siempre música- de fondo he empezado a teclear.

Ya empieza a hacer calor del bueno. De ese que te deja noches como ésta, espesa como un blues. Mi vecina también está en el porche con su portátil.  Se oyen los avisos de su msn cada pocos minutos.  Creo que tiene una intensa vida amorosa porque cada vez los intervalos entre aviso y aviso son menores.  Cuando me la cruzo en la calle, aparte de sonreirnos mutuamente, me dan ganas de decirle “eh, pásate al WhatsApp y actualízate”, pero en el fondo le entiendo porque yo sigo usando msn para mi gente de toda la vida.  Es como ese  sitio al que vas a tomarte la primera copa de la noche por tradición, aunque sea cutre y pasado de moda.

Ayer mirando el calendario me acordé de mi primer novia. Y recordando momentos y sensaciones, llegué a la conclusión de que a nosotros no nos unió el amor sino el deseo. Hace poco nos vimos y hablando del pasado me dijo “cuando te miraba, se me aguaban los ojos y se me enchinaba la piel”. Y me pareció tan grande como cualquier “te quiero”.  Por eso, no sé por qué el amor debe tener más valor que el sexo. 

Supongo que muchos me vais a decir eso de “el sexo se acaba y el amor no”. Mentira total y absurda. Por supuesto que creo en el amor. Pero no en la idea de amor que me ha vendido Disney.  Supongo que en el fondo no dejamos de ser primates evolucionados -se supone eh?- que buscamos una pareja más o menos afín con la que perpetuar la especie. Aunque yo creo que actualmente, y viendo el auge de las redes sociales, creo que hemos cambiado el “perpetuar la especie” por un “no quiero estar sólo”. Por eso en los perfiles sociales la gente se esfuerza en venderse como “simpático, tranquilo, me gusta la naturaleza y viajar” aunque no hayan pisado un monte en su vida y su viaje más lejano haya sido a la discoteca del extraradio.

manos

Es siempre el mismo cuento. Y por eso hay que saber lidiar con las asperezas, las puestas a punto, los ideales a los que dijiste “chao” sin siquiera darte cuenta. Están los libros que otros dejaron pero es seguro que de quedar algo, si algo al final resulta y queda, no será el papel, ni las letras, y casi diría que ni el lenguaje, ese código cotidiano que todos usamos sin fijarnos en el simple milagro que eso supone. Cosas simples como decir “te quiero” y que él/ella te entienda, sepa a qué te refieres, y te deje en un beso todas las respuestas que cualquier animal, por primario que sea, también se pregunta.

Por eso, nunca vuelvas a casa si no tienes una buena razón para dormir, el cansancio no cuenta, las fuerzas siempre dan para un paso más del que das por perdido, los sueños valen más si abres los ojos y el péndulo de rutina en el que decides cortarte no te servirá de nada, las agujas del reloj son esa droga que todos decían “cuidado al probarla, puedes engancharte”, y al final la resaca es un bálsamo de cristal ignífugo donde piensas que todo vale, aunque sepas que no.

Pero a veces pasa lo contrario. Aparece alguien por casualidad -y sin causalidad aparente- y te medio rompe los esquemas. Alguien  que te tintinea un par de veces al día. Alguien a quien morderías toda la noche y a quien querrías seguir viendo por la mañana. Curioso, verdad? Como “Le Male” de Gaultier, que hace que te vuelvas por la calle…

Ayer decía Simpulso en Twitter: “Soy fiel hasta que otra me obligue a lo contrario.” Qué grande. De verdad.

P.d. A mi vecina le debe ir bien su vida amorosa via mns: ahora le oigo reírse por lo bajito entre sonido y sonido de “nuevo mensaje”.

P.d2. Del 4 al 7 de agosto, tengo una boda en Masaya, La invitación tiene, a parte de los datos habituales, una especie de nota:

“Tengo entre mis labios

tus labios, entre mis manos

tus manos y entre mis piernas,

tus piernas.

Te tengo a ti

entre mi cuerpo y el cielo,

entre la tierra y el universo”.

No me digáis que no es “carnal”. Me encanta como ese texto puede ir incrustado en una ceremonia extremadamente católica. Los placeres de la carne por encima del fervor religioso. A mí ya sabéis que las iglesias me dan ganas de follar…

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