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febrero 28, 2011

LA NOCHE QUE EL ´99 LLEGO HASTA ABRIL

Llevo un par de meses con sensaciones raras. O que a mí me parecen raras. Se me escapa el tiempo, los días, las horas y los miles de segundos.  Todo va cuesta abajo y cada vez de forma más vertiginosa. Es como si se me hiciera tarde constantemente. El mundo intenta arrastrarme a esa línea de la vida que coge todo el mundo y que yo he evitado siempre.  Últimamente tiro de recuerdos más de lo habitual y eso que mi vida ha funcionado siempre con la gasolina del pasado: pocos y selectos recuerdos cogidos con pinzas que me han permitido salir adelante en más de una ocasión. La magia de algunas situaciones ha sido tan maravillosa e intensa que he podido vivir de las rentas emocionales sin pensar demasiado en el futuro,  siempre negro y lluvioso como la última escena de Casablanca.
No sé si es que no me conformo con lo que tengo. Creo que no es eso. Sí es cierto que lo que me mantiene vivo es ese hambre feroz que siempre he tenido por cosas nuevas: personas, música, libros, lugares, sensaciones… Pero es que creo que la vida sin todo eso sería una mierda. Hay cosas tan pequeñas que te hacen ser tan grande… Y personas que te cambian la vida para siempre, aunque su contacto haya durado pocas horas o segundos.  Personas de las que me alimento emocional e intelectualmente y que tengo acomodadas en las mejores habitaciones de mi memoria. Y la suite principal la tiene ocupada de forma permanente alguien que en unos días será un alguien más… ella.  Así que en vez de dejar una cesta de fruta como despedida, le dejaré una nota:
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A ti, que apareciste en mi vida de la mano de un camarero y unos píxeles. Que me has acompañado tantas noches y algunos amaneceres en los que los relojes se quedaron sin agujas. A ti, cuyas neuronas se reconocieron con las mías de una forma incrédula que daba miedo. A ti, que me entendiste a la primera eso de estar solo rodeado de gente…
Contigo que he sido el tío más hijo de puta del mundo exprimiendo mentes mediocres sin ningún remordimiento. Juntos destapamos capas de la cebolla y luego las colocamos en su sitio como si nada hubiera pasado. Para que nadie se diera cuenta. Contigo sentí el efecto lepidóptero rabioso cuando te marchaste a algún lugar del globo terráqueo  pero muy largo de mí y me hiciste sentir orgulloso cuando me contabas que eras feliz en el mundo que tú habías elegido.
Porque la madrugada antes de volar,  yo tenía en el msn la cabecera “Bailando bajo la nieve” y te cambiaste la tuya a “Bailando también bajo la nieve”. Porque en todos mis pc´s siempre ha habido una carpeta con tu nombre y tus tesoros, que de vez en cuando miro y disfruto despacito y a solas, porque es como tenerte a la misma distancia de siempre. Porque no sé realmente cuánto tiempo hace que nos conocemos, pero todos los días me llega algo que asocio a ti. Porque desde que me regalaste “Hyuman” (como solías decir) es lo que me despierta cada mañana a las horas en las que tú te acuestas.
Tú y yo tenemos claro que la inteligencia sola aplasta. El amor solo es ineficaz. Lo nuestro es  inteligente, laborioso y técnico. Y pensar que no somos ni  somos todo eso y algo más.
amantes ni novios ni amigos ni conocidos ni familia, y sin embargo“Rompí a llorar. Me encanta esa expresión.
No se dice rompí a comer o rompí a caminar.
Rompes a llorar o a reír. Creo que vale la pena
hacerse añicos por esos sentimientos.”
Albert Espinosa

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