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Mostrando las entradas etiquetadas como La Guerra de las Masas

TODOS QUEREMOS BAILAR CON EL DIABLO…

Hay días en los que por mucho que bajes las persianas, el sol se cuela por todas partes. Hay noches en las que por mucho que te tapes con una manta, los problemas siguen estando ahí. Y hay tardes como la de hoy en las que recuerdo que el verdadero poder consiste en saber que sí se puede, pero no se quiere. Y que la libertad, por si lo habéis olvidado, es el derecho a respirar. Que la mayoría de las veces leemos para saber que no estamos solos. Y que definitivamente prefiero  a los vagabundos con respeto, que a los aclamados sin corazón. El sonido de una máquina de escribir al amanecer es como una nana… P.D. “Ponte el traje y la cara en harina. La gente paga y aquí quiere reír, y si Arlequín te birla a Colombina, ¡ríe, Payaso, y todos te aplaudirán! Muda en pantomimas la congoja y el llanto; en una mueca los sollozos y el dolor”. PD. Hoy no tenemos BSO.

FELIZ NAVIDAD, MRS. LAWRENCE…

“Cuando me divorcié me quedé hecho polvo, dejé la medicina y me largué a vivir a Miami. A los pocos días de instalarme fui al supermercado y compré una caja de Corn Flakes, la tradicional, y cuando llegué a casa vi que la fecha de caducidad de esa caja era exactamente la del cumpleaños de mi ex esposa. Volví al súper y pedí todas las cajas de Corn Flakes que tuvieran en stock con esa fecha de caducidad. Aparecieron al día siguiente con medio camión. Las acumulé en  Pel garaje y llegué a la conclusión de que tendría que comérmelas todas a fin de expiar el fantasma de mi mujer: si me comía todas las cajas que caducaban el día de su nacimiento era como si sólo al terminarlas pudiera darse por finalizada nuestra relación, y sólo así todo apego melancólico y sentimental se esfumaría. Cada vez que masticaba destruía una caricia, un gesto, una agresión, todo: actos que en otro tiempo habían consolidado lazos entre ella y yo. Y me puse a jugar al tenis de videoconsola y a comer sin...

COLD AS STARFISH...

Creo que la necesidad te cambia la vida.  Te vuelve incansable, huraña, especial, inaguantable… y hace que te lamentes millones de veces sobre “la mala suerte que te ha tocado”. Sólo en un par de ocasiones reconocerás lo orgulloso que estás de ti mismo por haber conseguido vencerla, superarla… pero nunca deshacerte de ella. Siempre estará ahí para recordarte que una vez – o más- lo pasaste mal; muy mal. Y te servirá para autoenvenenarte y menospreciarás a aquellos que nunca han carecido. Y luego te sentirás fatal porque en el fondo envidias a toda esa gente que se ha criado con papá y mamá y con todas sus necesidades -las básicas y las no tan básicas- cubiertas. Pero cuando buceas más allá del fondo donde no hay luz, tu tesón surge y te pega tal subidón que llegas a la superficie en tiempo record. Creo que la necesidad es necesaria.  Sí, es redundante. Pero me gusta cómo suena la frase, “necesidad necesaria”. Aprendes a valorar cosas, personas, situaciones, se...

SAVE THE LAST DANCE FOR ME…

Que me despierte de madrugada con besos mojados en la espalda (babas no ¬¬) y sus dedos  se pierdan en mi nuca y en mi pelo. Que sus jadeos tengan tanto ritmo como ese tema que  nos encanta a los dos. Que coja un rotulador rojo y escriba “me gusta” en determinadas zonas de mi cuerpo y en otras ponga “explored”. Que me deje escribir en su abdomen una carta con tinta de chocolate sólo para equivocarme  y tener que borrarla entera con la lengua.  Quiero que me sonría tímidamente.   Quiero poder esperarle a la salida de la ducha con una enorme toalla blanca y enrollarle en ella mientras me muerde los hombros.  Quiero salir con un grupo de gente y verle tan sexy como para arrastrarle al parking y explicarle los motivos de por qué los asientos de un S3 son mejores que los de un A8. Irnos de vacaciones y jugar debajo de una manta en el avión.  Que me regale una pulsera  y una piruleta en mi cumpleaños y  ser lo único que me ...